El conflicto como herramienta de cambio

En nuestro día a día pasamos por distintas situaciones y rechazamos formar parte de muchos conflictos, unos más habituales, otros más extraños, pero sea cual sea su naturaleza nuestra tendencia es la de evitarlos a toda costa.

Según la RAE un conflicto puede ser un enfrentamiento armado, una situación desgraciada de difícil salida, un problema, una cuestión o una materia de discusión o la coexistencia de tendencias contradictorias en el individuo. A priori lo que vemos es que el principal problema es el de entender el conflicto como sinónimo de pelea o discusión. No sólo se trata de esto, un conflicto va más allá. Los conflictos son una herramienta de aprendizaje, de trabajo y de descubrimiento.

Entonces… ¿los conflictos son buenos o malos?

Los conflictos generan ruptura, pueden llegar a negar el proceso personal, generan emociones intensas, reacciones imprevisibles, enfrentamientos, actitudes hostiles, la comunicación se pierde, crece el poder en una parte del grupo y disminuye en otro, se producen juicios erróneos sobre otros, aparecen prejuicios… Con toda esta lista de aspectos negativos,  ¿seguro que existen los aspectos positivos?

Pues sí, sí que existen y superan en creces a los aspectos negativos. El conflicto es una herramienta de cambio, dinamiza los procesos de aprendizaje, estimula la curiosidad y el interés, cohesiona los grupos, estimula la creatividad, fomenta la comunicación del grupo y el trabajo en equipo y genera evolución en los grupos.

Dicho esto y como indica el título de nuestro post hoy vamos a ver la parte positiva de los conflictos.

CONFLICTO: HERRAMIENTA DE CAMBIO

Como psicopedagoga puedo afirmar que el conflicto es una herramienta de cambio, sobretodo en referencia a los grupos. Evidentemente podemos encontrarnos delante de aspectos positivos del conflicto (nuevas ideas, cambios) o efectos negativos (disolución de un grupo, tensión). Pero en general, cualquier evolución derivada de un conflicto que se produzca en un grupo será positivo para el mismo.

El conflicto es vital para los grupos, es la herramienta que los mueve, que provoca su crecimiento, su mejora o su desaparición para la posterior creación de otros grupos más acordes con las características y necesidades de las personas que lo forman. Cabe destacar que una misma persona pertenece a tantos grupos como círculos a los que pertenece.

Por lo tanto no solo tenemos que trabajar con el conflicto, lo tenemos que generar y reconducir en beneficio del grupo. ¿Cómo lo haremos? En general el conflicto nos va a servir para plantear retos, debates o situaciones complicadas que se han de resolver.

APROVECHAR EL CONFLICTO

En general debemos aprovechar los conflictos en beneficio del grupo, generando espacios de debate y de reflexión donde poder convertir los conflictos y discrepancias en oportunidades de cambio y crecimiento personal y profesional.

En el ámbito formativo (como formadores y orientadores) el conflicto nos va a servir para acercar posturas contradictorias, para generar debate y sobre todo para conseguir cambios conductuales (uno de los grandes retos en la PRL). Uno de los grandes hándicaps de la formación de adultos en PRL recae sobre este mismo punto. ¿Cómo podemos conseguir cambios en la actitud de los trabajadores? ¿Cómo podemos hacer entender que una conducta que llevan años llevando a cabo ha de cambiar? El conflicto nos permite crear situaciones en el aula (o el espacio formativo) que generen inquietudes en los adultos que permitan abrir camino a la duda. ¿Y si estaba equivocado? En este punto es cuando se genera el cambio.

En el ámbito laboral los conflictos nos sirven para avanzar, para sortear problemas y para generar equipos de trabajo. EL trabajo que se realiza siempre responde a una necesidad concreta creada directamente por un conflicto, por una situación problemática que se ha de solucionar. En el ámbito laboral el conflicto ha de verse como un reto a superar. En este ámbito el empresario o jefe es el responsable de aportar las herramientas y el espacio necesario para involucrar a todos los miembros del equipo en el trabajo de forma que puedan resolver y convertir los conflictos en beneficios para la empresa y para uno mismo.

Llegados a este punto es importante remarcar que aunque el conflicto siempre tenga una parte positiva depende de nosotros encontrarla y sacarle el máximo provecho para la situación actual y para situaciones futuras.

Si hablamos de conflicto dentro de la vida personal (fuera de los grupos de trabajo, de empresa y dentro de los grupos familiares y personales) es la propia persona la que ha de poder convertir el conflicto en una fuente de aprendizaje y canalizar la parte positiva y evolutiva del conflicto en beneficio propio o del grupo con el que este. En cambio en el ámbito laboral o de formación ha de ser la institución, el líder, el superior o el formador el que aporte las herramientas necesarias para que los trabajadores puedan crear un clima de confianza, trabajo colaborativo, cooperación y dialogo para poder elevar los conflictos de problema a solución.

EL CONCEPTO NEGATIVO DEL PROPIO CONCEPTO

Hemos empezado el articulo definiendo la palabra conflicto. Pero, ¿cuándo podemos empezar a hablar de conflicto? ¿Cuándo empieza? La clave para entender el conflicto como positivo o negativo, y así poderlo abordar, es precisamente el inicio del conflicto. Como ya hemos visto la palabra “conflicto” en si misma tiene relacionados conceptos como oposición, incompatibilidad o enfrentamiento. Y es esta misma oposición la que enriquece el trabajo, la incompatibilidad se puede redirigir y aprovechar los distintos puntos de vista que aporta y los enfrentamientos pueden ser cordiales o el inicio de un debate rico en ideas.

La connotación negativa de la palabra nos hace catalogarla directamente como algo malo, algo que hay que evitar. Pero el conflicto nos permite no solo avanzar, nos permite aprender, progresar y prepararnos para situaciones similares que se darán en un futuro. Si somos capaces de resolver un conflicto en un momento determinado este nos aportará las herramientas y la experiencia necesaria para volver hacerlo en un futuro (aspecto muy importante en las formaciones). En el caso contrario en el que no seamos capaces de superar el conflicto, esta misma experiencia nos ayudará a poder abordarlo de una mejor forma cuando nos volvamos a encontrarnos con el.

Aunque en un primer momento podamos quedarnos con un sabor amargo delante de un conflicto lo que aprendemos a raíz de él supera en creces ese sabor. Somos como somos por las experiencias que nos ha tocado vivir y tenemos que aprovecharlas a nuestro favor y usarlas para nuestro crecimiento profesional y personal.

RIESGO PSICOSOCIAL DEL CONFLICTO

Aunque ya hemos visto la parte positiva del conflicto y como aprovecharla en beneficio común no tenemos que olvidar que existe un riesgo psicosocial importante si la situación generada a raíz de un conflicto no se gestiona adecuadamente.

Un conflicto mal llevado o acentuado por una mala gestión personal y profesional del mismo nos puede llevar a presenciar situaciones de violencia (verbal, física o psicológica) que suponen un riesgo psicosocial para los trabajadores o alumnos a los que afecte la situación.

Las organizaciones, los formadores, los maestros, los padres… todos ellos tienen una misión importante en referencia a los conflictos: son los encargados de dar las herramientas y los recursos que ayudarán a los trabajadores, alumnos e hijos a gestionar de forma correcta sus emociones y sus conflictos para evitar situaciones de violencia.

RESUMIENDO…

Como profesionales de la prevención y la formación los conflictos nos sirven para generar cambios en las actitudes de los trabajadores, para trabajar los distintos puntos de vista y, en general, para enriquecer al grupo/equipo.

No podemos olvidar todo lo tratado anteriormente: la parte negativa de los conflictos siempre estará presente. Nuestro trabajo está precisamente en poder convertir toda esta parte negativa en situaciones que nos aporten beneficios grupales e individuales.

Y recuerda:

  • Una buena gestión es la clave para conseguir generar cambio a partir del conflicto.
  • Se han de facilitar las herramientas y los recursos necesarios
  • Un buen clima de trabajo es básico para generar espacios de diálogo y cooperación